miércoles, abril 14, 2010


Hoy me di cuenta que el viajero ideal es aquel que vive despojado de las cosas materiales y las tareas cotidianas. Son los que han aprendido a vivir sin nada, sin un estilo de vida. Caminan bien con la ligereza de quien dio todo. Sale del corazón un amor por los paisajes, mientras que el alma, el aliento puro de la aurora, se restaura de problemas propios de la ciudad, me di cuenta de que ningún viajero ve lo que otros viajeros ven, al pasar por los mismos lugares. La mirada de cada uno, sobre las cosas del mundo, es única.

Viajar, si no cura la melancolía, al menos, purifica. Sale del espíritu todo lo que es superfluo e inútil, y el cuerpo recupera su armonía perdida - entre el hombre y el viajero.He aprendido a cantarle a la tierra, la noche y la luz, las estrellas, el agua y la oscuridad, el pescado, las aves y plantas. Aprendí el verdadero nombre del mundo.Separar del hombre la enfermedad de la vida sedentaria, eso que le seca la sangre y mata el alma - el estancamiento de pensamento.
Por todo esto, el viajero idela opta opor una vida nómade. Vive allí y canta - a sabiendas de que la vida no habrá sido un abismo, un obstaculo, si al voltear la esquina puede volver a unirse con el universo.

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